miércoles, 23 de noviembre de 2016

Traje negro



De pronto se acabaron los motivos
y nos dimos por muertos en la arena.
Igual que sin la Reina no hay colmena,
ya no pudimos vernos siendo vivos.

Dicen que la venganza, siendo amarga,
se pasa dulcemente por la boca.
La esperanza callada, vuelta loca,
se transformó llenándonos de carga.

Por mucho que a un cuervo escuche allegro
y aparente ventura en su pericia...
sigue volando pleno de malicia;
sigue vistiendo un traje sobrio y negro.

Autor: Jorge de Córdoba

jueves, 17 de noviembre de 2016

Enloquecido de dolor


Filántropo de cruel mitomanía
hundido en los renglones del absenta...
siente que su destino se revienta:
La sueña cada noche todavía.

Incrementa la dosis del veneno
mientras bebe con loca antelación,
sorbiendo su demencia y adicción
con temblores impropios de un galeno.

Los recuerdos castigan su memoria
y de nuevo vomita de dolor:
Sus manos destruyeron al amor
borrando los momentos de la historia.

Autor: Jorge de Córdoba

miércoles, 16 de noviembre de 2016

Si llegase a "perderme"



Me fingieron demente, me fingieron
drogadicto; dejando un testimonio
ficticio retratando a mi demonio
como algo pasajero. Les mintieron.

Les mintieron ingenuos electores...
El suicidio montado en mi país
fue escrito en la pizarra con un gis
que se borra con sangre y estertores.

Si llegase a "perderme" no lo duden:
Siempre he sido un borracho despistado...
y sin embargo causo mucho enfado
a los parias que roban y sacuden.


Me pierdo porque nunca busco el agua;
me pierdo porque bebo del desierto.

Autor: Jorge de Córdoba

domingo, 6 de noviembre de 2016

El temor de dios

Cuando descubrieron los cielos
cómo me podían destruir
no dudaron en hacerlo
y de la vulnerabilidad, hizo mi epitafio.

Se llevó a mi hijo... 
me mandó al infierno.

Ahora soy cazador de dudas y tropiezos...
de sus iniquidades y contradicciones.
Soy quien devela las incongruencias
buscando un solo resultado posible:
Su destrucción.

El mundo todavía no quiere verlo...
aún les asusta quitarse el paño de los ojos.

Al comer del fruto prohibido no nos vimos desnudos;
nos vimos completos.

Y eso asustó más a dios que a los hombres.
 
Autor: Jorge de Córdoba